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Guarniciones

Cebollas rojas en vinagre, la versión rápida de nevera

De todas las conservas caseras, la cebolla roja es la más sencilla y la más rápida: nada de gelificación, nada de termómetro, un cuarto de hora de trabajo y media hora de espera. Esta es la versión rápida de nevera, la que se mantiene crujiente y no necesita pasteurización, porque para mantenerla segura bastan la acidez del líquido y el frío.

Tiempo total 20min
Preparación 15min
Cocción 5min
Raciones 2
Dificultad Fácil
Cebollas rojas en vinagre, la versión rápida de nevera

Elaboración

  1. Lava dos botes de 250 ml con cierre hermético y sus tapas en agua hirviendo y luego déjalos secar boca abajo sobre un paño limpio. Para la versión de nevera no hace falta esterilizarlos: bastan la acidez del líquido y el frío.
  2. Pela las cebollas, córtalas por la mitad y lamínalas a 2-3 mm sacando medias lunas desde el lado plano. Con la mandolina vas más seguro: láminas del mismo grosor maceran juntas.
  3. Pon las láminas en un escurridor, vierte agua hirviendo por encima y cuenta hasta diez. Enjuaga enseguida con agua fría y escurre bien: diez segundos quitan el picor sulfuroso sin cocer la cebolla.
  4. Tuesta las semillas de cilantro treinta segundos en un cazo pequeño en seco, hasta que notes su aroma, y resérvalas.
  5. Lleva a ebullición vinagre, agua, azúcar y sal en un cazo, removiendo hasta que azúcar y sal se disuelvan, y deja hervir suavemente dos minutos.
  6. Reparte las cebollas en los botes junto con la pimienta en grano, el laurel, el cilantro tostado y, si lo usas, el eneldo. Presiona pero no apelmaces: el líquido debe poder circular entre las láminas.
  7. Vierte el líquido hirviendo hasta cubrir por completo las cebollas, parando medio centímetro por debajo del borde. Golpea ligeramente los botes sobre la encimera para hacer subir las burbujas de aire.
  8. Deja enfriar con la tapa solo apoyada, luego cierra y pon en la nevera. Tira el líquido que ha quedado en el cazo: ya está diluido y no se reutiliza.
  9. A los treinta minutos comprueba el color: si las láminas son rosas hasta el centro, el ácido ha llegado a todas partes y puedes comerlas. Si el corazón sigue blanquecino, dales unas horas más. Están en su mejor momento entre el segundo y el quinto día.